Soledad,
Soledad en un camino,
Soledad sin un destino...
Miedo,
Miedo al aire,
Miedo a la soledad...
Amor,
Amor desengañado,
Amor al miedo que me protege...
Vivo en un laberinto sin salida,
En un pueblo desierto,
En una ciudad perdida.
Siento un vacío,
Siento no poder levantarme cada mañana,
Pues mi alma me desgarra con llantos de dolor.
Me ahogo en una lágrima
Y me pierdo en una sonrisa,
Pero... quien soy yo si no Nadie
Perdido en un mar de desesperanza.
Torrenciales salados acechan con asomar,
Pero tengo que ser fuerte,
Tengo que aguantar,
No necesito a nada ni a nadie...
Ni al mismo Dios le incumbe esta soledad,
Pues de ella yo soy culpable
Y solo yo me puedo sacar.
Sin fe me abro caminos,
Y ellos solos se vuelven a tapar,
Sin fe lucho por mi destino,
Pero mi destino... ¿Donde esta?
Mi destino esta perdido
En algún lugar...
Me da lo mismo encontrarlo
Mientras yo no tenga utilidad.
No pienso rendirme,
En la vida hay luchar
Con una meta por delante,
Pero la mía no esta.
Día a día veo pasar vientos,
En los que desfilan tras de sí,
En ocasiones amores,
En otras olores, olor a mierda,
Pues de ella estoy hasta los codos
Y no me la puedo quitar.
Pero no debo entretenerme en eso,
Es algo trascendental...
Que lastima conocer la opcion de volver a empezar,
Que lastima no saberla usar.
Llorar,
Llorar sin una lagrima derramar
Llorar por ti, ¿Porque llorar?
Hundirse,
Hundirse en un pozo sin salida
Hundirse y no llorar la perdida
Y morir,
Morir sintiéndose mal
Morir sin luchar...
Comentarios críticos y de reflexion a temas de actualidad. Porque sólo los tontos nunca cambian de opinión.
martes, 14 de julio de 2009
jueves, 2 de julio de 2009
martes, 30 de junio de 2009
Historias de un Don Nadie (Parte IV)
Mientras se hospedaban en una posada un poco alejada de la zona, y después de unas largas jornadas del " Plan de Saneamiento Económico Regional" (PSER), o conocido entre los campesinos por la segadora de viejos, recibieron la inesperada visita de un grupo organizado el cual robo todas las armas, equipamiento, reservas alimenticias, y otros utensilios para su cometido.
A la mañana siguiente, inmediatamente después de percatarse que algo fallaba, y ver que les habían robado, avisaron al rey, quien se reunió con su consejo y sequito militar y entre todos pensaron en una solución. Se barajaron varias posibilidades, la mas probable, con diferencia, era la de que todo había sido obra del Grupo Clandestino de Protección Ciudadana ( El GCPC)también conocido por la población como los Encapuchados, los cuales estaban a merced de un jefe superior que NUNCA nadie había visto, incluso los otros cabecillas se comunicaban a Él por carta.
El debate se prolongó durante horas, los economistas se exaltaban cuando mencionaba la posibilidad de abandonar el plan, ya que era inviable para la economía del régimen monárquico. Por otro lado, los militares decían que lo realmente inviable era continuar, por que sus herreros y mercaderes no podían proporcionar, tan pronto, un nuevo rearme y puesta a punto para proceder con el plan. El monarca sugirió, como una opinión mas, buscar los alijos del GCPC y recuperar lo perdido. Esto si era realmente imposible por que en esas cosas estaban muy preparados y la mitad las usaran ellos y la otra mitad las venderán. Al final, decidieron suspenderlo y se hizo publica, mediante La Gaceta, la siguiente noticia: " Los malhechores que acababan con nuestros queridos ancianos han sido radicalizados, ya nunca mas ningún malvado grupo terrorista como los GCPC podrán atentar contra nuestra gran Región".
***** *****
[...] en ese momento tocaron la puerta tres golpes secos, nos inundó un breve silencio que rompió el cojeo de mi abuelo al acercarse ella mi abuelo me echó hacia atrás y me hizo y me hizo prometer que subiera mi cuarto y no bajara hasta la hora de cenar, subí corriendo y me escondí debajo de la cama por miedo a lo que pudiera pasar mi abuelo se acercó a la puerta, respiró, y la abrió. [...] Escuché, de una forma muy tenue, el siguiente anuncio, presentándose así el sospechoso en mi puerta:
-¡Cartero!
Continuará...
A la mañana siguiente, inmediatamente después de percatarse que algo fallaba, y ver que les habían robado, avisaron al rey, quien se reunió con su consejo y sequito militar y entre todos pensaron en una solución. Se barajaron varias posibilidades, la mas probable, con diferencia, era la de que todo había sido obra del Grupo Clandestino de Protección Ciudadana ( El GCPC)también conocido por la población como los Encapuchados, los cuales estaban a merced de un jefe superior que NUNCA nadie había visto, incluso los otros cabecillas se comunicaban a Él por carta.
El debate se prolongó durante horas, los economistas se exaltaban cuando mencionaba la posibilidad de abandonar el plan, ya que era inviable para la economía del régimen monárquico. Por otro lado, los militares decían que lo realmente inviable era continuar, por que sus herreros y mercaderes no podían proporcionar, tan pronto, un nuevo rearme y puesta a punto para proceder con el plan. El monarca sugirió, como una opinión mas, buscar los alijos del GCPC y recuperar lo perdido. Esto si era realmente imposible por que en esas cosas estaban muy preparados y la mitad las usaran ellos y la otra mitad las venderán. Al final, decidieron suspenderlo y se hizo publica, mediante La Gaceta, la siguiente noticia: " Los malhechores que acababan con nuestros queridos ancianos han sido radicalizados, ya nunca mas ningún malvado grupo terrorista como los GCPC podrán atentar contra nuestra gran Región".
***** *****
[...] en ese momento tocaron la puerta tres golpes secos, nos inundó un breve silencio que rompió el cojeo de mi abuelo al acercarse ella mi abuelo me echó hacia atrás y me hizo y me hizo prometer que subiera mi cuarto y no bajara hasta la hora de cenar, subí corriendo y me escondí debajo de la cama por miedo a lo que pudiera pasar mi abuelo se acercó a la puerta, respiró, y la abrió. [...] Escuché, de una forma muy tenue, el siguiente anuncio, presentándose así el sospechoso en mi puerta:
-¡Cartero!
Continuará...
martes, 26 de mayo de 2009
El picotazo
Cambiando la rutina, hoy voy a dedicar este post a una idea que me lleva rondando por la cabeza desde hace tiempo. A continuación os narraré una breve fabula de un pequeño desengaño amoroso con un trágico fin, pero no os quedéis ahí, hay piedras, como podríais ser vosotros, pasándolo mal. La historia comienza en el centro de un denso bosque…una osa fue victima del picotazo de una abeja de una forma tan desgraciada que le picó en ambos ojos, desde entonces tenia que hacer las cosas guiándose por los otros sentidos (el oído, el olfato, el tacto…), un día sintió la necesidad de rascarse la espalda, a ciegas fue buscando un árbol que remediara aquel picor. Fue probando uno a uno hasta que encontró uno perfecto, le alivió el picor de inmediato y se convirtió en su árbol favorito. El árbol se lo agradecía porque se sentía muy solo y ella le hacia compañía, además de proporcionarle la posibilidad de sentirse útil.
Pero lo de la vista no era eterno y al cabo de dos o tres semanas la recuperó. Entonces aquel mismo día fue al árbol a contárselo, pero al verle se dio cuenta de que no era un árbol, si no que era una mugrienta piedra, medio destrozada, con bichos y de un negro carbón. Entonces ella se asustó porque en un principio creía que se había equivocado, volvió a su casa y contó los pasos con los ojos cerrados para repetir el proceso como de costumbre. Pero al llegar a su destino topo con la misma piedra tan fea como la había dejado, entonces se avergonzó de haberse acercado a aquella piedra por si algún otro oso del bosque la había visto allí. Como nadie la protegía del viento al apoyarse en ella para rascarse, el aire erosionó la roca poco a poco hasta convertirse en arena y volando y deslizándose en una suave corriente de arena desapareció en la memoria.
Y yo me pregunto, ¿Porque es en esta sociedad, hipócrita, incompatible la apariencia “negativa” con cualquier otra característica positiva? ¿Por qué nos empeñamos en etiquetar, prejuzgar, infravalorar? Porque ser feo es una consecuencia de vivir en sociedad. ¿Porque somos tan despectivos con el aspecto?¿Quien no ha escuchado, incluso establecido la siguiente conversación?
-“¿Has visto a José?”
-“José... José... pues no caigo en quién me dices.”
-“Sí, mujer, el chico moreno, asistente social... que vino con Carla.”
-“Ah, sí, ¡el feo!”
-“Sí, la verdad, no me atrevía a decírtelo, pero… ¡que más da si no nos escucha!”
Se nos enternece el corazón cuando un feo hace algo sorprendente. Mira el feo lo bien que canta. Como si para cantar fuese necesario ser guapo.
Los chinos quitaron a una fea que cantaba bien por una niña que no cantaba bien, pero que era guapa, que al final retiraron. La gente, se quejó de la injusticia ejercida sobre la fea. “¡Pobre guapa que no la dejaron cantar!”
Pero no nos engañemos, no aceptar la realidad no es bueno, hay mucho feo que va por la vida de guapo. Y, sinceramente, para qué engañarnos, me alegra su autoestima, pero el resultado es penoso. Hay feos valientes que disparan a castillos inalcanzables. Hay feos que se piensan que su gracejo, su buen corazón, su bondad y educación les abrirán las piernas de las más buenas del local.
Los feos, están condenados a la extinción, se niegan los unos a los otros y sólo cuando ven que el tren de la vida se aleja por el andén de la desesperanza agarran un último vagón y no lo sueltan, así les escupa en la cara al hablar mientras come. Porque como personas que son todos aspiran a lo máximo para conformarse con lo posible hasta rebajarse a lo mediocre cayendo en lo mas bajo por avaricia. Esto no es mas que un error humano, porque todos erramos.
Últimamente ha bombardeado una noticia de Susan Boyle, (si si, la fea que canta, ¿ya sabes quien es?) Todo el mundo se asombra, “Hala, es fea y canta bien” “Que humilde soy, reconozco que una fea canta bien”.
En conclusión, si eres feo o no, no te creas ni mejor ni peor, TODOS somos mediocres hasta que alguien demuestre lo contrario.
PD: La "fea" que canta bien es, junto a otras causas ajenas a vuestro saber, el desencadenante de la reacción mediática que inspiró esta reflexión.
Gracias por vuestra atención y os agradezco que aguanteis todo el sermón.
Pero lo de la vista no era eterno y al cabo de dos o tres semanas la recuperó. Entonces aquel mismo día fue al árbol a contárselo, pero al verle se dio cuenta de que no era un árbol, si no que era una mugrienta piedra, medio destrozada, con bichos y de un negro carbón. Entonces ella se asustó porque en un principio creía que se había equivocado, volvió a su casa y contó los pasos con los ojos cerrados para repetir el proceso como de costumbre. Pero al llegar a su destino topo con la misma piedra tan fea como la había dejado, entonces se avergonzó de haberse acercado a aquella piedra por si algún otro oso del bosque la había visto allí. Como nadie la protegía del viento al apoyarse en ella para rascarse, el aire erosionó la roca poco a poco hasta convertirse en arena y volando y deslizándose en una suave corriente de arena desapareció en la memoria.
Y yo me pregunto, ¿Porque es en esta sociedad, hipócrita, incompatible la apariencia “negativa” con cualquier otra característica positiva? ¿Por qué nos empeñamos en etiquetar, prejuzgar, infravalorar? Porque ser feo es una consecuencia de vivir en sociedad. ¿Porque somos tan despectivos con el aspecto?¿Quien no ha escuchado, incluso establecido la siguiente conversación?
-“¿Has visto a José?”
-“José... José... pues no caigo en quién me dices.”
-“Sí, mujer, el chico moreno, asistente social... que vino con Carla.”
-“Ah, sí, ¡el feo!”
-“Sí, la verdad, no me atrevía a decírtelo, pero… ¡que más da si no nos escucha!”
Se nos enternece el corazón cuando un feo hace algo sorprendente. Mira el feo lo bien que canta. Como si para cantar fuese necesario ser guapo.
Los chinos quitaron a una fea que cantaba bien por una niña que no cantaba bien, pero que era guapa, que al final retiraron. La gente, se quejó de la injusticia ejercida sobre la fea. “¡Pobre guapa que no la dejaron cantar!”
Pero no nos engañemos, no aceptar la realidad no es bueno, hay mucho feo que va por la vida de guapo. Y, sinceramente, para qué engañarnos, me alegra su autoestima, pero el resultado es penoso. Hay feos valientes que disparan a castillos inalcanzables. Hay feos que se piensan que su gracejo, su buen corazón, su bondad y educación les abrirán las piernas de las más buenas del local.
Los feos, están condenados a la extinción, se niegan los unos a los otros y sólo cuando ven que el tren de la vida se aleja por el andén de la desesperanza agarran un último vagón y no lo sueltan, así les escupa en la cara al hablar mientras come. Porque como personas que son todos aspiran a lo máximo para conformarse con lo posible hasta rebajarse a lo mediocre cayendo en lo mas bajo por avaricia. Esto no es mas que un error humano, porque todos erramos.
Últimamente ha bombardeado una noticia de Susan Boyle, (si si, la fea que canta, ¿ya sabes quien es?) Todo el mundo se asombra, “Hala, es fea y canta bien” “Que humilde soy, reconozco que una fea canta bien”.
En conclusión, si eres feo o no, no te creas ni mejor ni peor, TODOS somos mediocres hasta que alguien demuestre lo contrario.
PD: La "fea" que canta bien es, junto a otras causas ajenas a vuestro saber, el desencadenante de la reacción mediática que inspiró esta reflexión.
Gracias por vuestra atención y os agradezco que aguanteis todo el sermón.
sábado, 23 de mayo de 2009
Historias de un Don Nadie III
CINCO días antes de aquel suceso, en el castillo del rey se negociaba con unos mercenarios de una forma un poco mas espesa de lo normal, a cambio de mantener con vida a el y a su familia ellos tendrían que hacer una limpieza de personas que cobraran su ayuda económica para ahorrar dinero al monarca, sin que el pueblo se enterara, temiendo su enfado.
Comenzaron de Norte a Sur, liquidando poco a poco, de forma casi aleatoria a hombres y mujeres mayores de 45 años. En 2 semanas tendrían que estar muertos el 80% de la población anciana. Uno de los mercenarios, se negó, acto seguido liquido su apellido de aquel pueblo y alrededores; no tenían elección, matar o morir…
En el pueblo ya se rumoreaban cosas y muchos emigraron por miedo, esto facilito la faena, pero no evito más muertes. Nadie decía nada en voz alta pos miedo a la máxima pena, la muerte.
Esto se prolongo hasta que el octavo día de la campaña, …
Comenzaron de Norte a Sur, liquidando poco a poco, de forma casi aleatoria a hombres y mujeres mayores de 45 años. En 2 semanas tendrían que estar muertos el 80% de la población anciana. Uno de los mercenarios, se negó, acto seguido liquido su apellido de aquel pueblo y alrededores; no tenían elección, matar o morir…
En el pueblo ya se rumoreaban cosas y muchos emigraron por miedo, esto facilito la faena, pero no evito más muertes. Nadie decía nada en voz alta pos miedo a la máxima pena, la muerte.
Esto se prolongo hasta que el octavo día de la campaña, …
viernes, 27 de marzo de 2009
Historias de un Don Nadie ( parte II)
CON un alarde de valentía, hizo un movimiento vertical con el objetivo de esquivar aquel filo que acababa con su vida, llegó tarde... lo único que consiguió fue que le golpearse con más ahínco proyectando su cabeza hasta mis manos. Sus ojos atentos, una expresión inerte ante el paso hacia la muerte, junto que el breve silenció en el que sólo se oia el llanto de una mujer recientemente viuda y un bebé semihuérfano que no conocía la situación pero presentía la ausencia de su padre. A los pocos segundos comenzaron los gritos y alardes, contentos por haber liquidado un ladrón, e ignorando que su único crimen fue querer dar de comer a su hijo con unas migajas de pan.
Limpiaron la sangre, regresaron a sus casas y en dos minutos estarían como si nada hubiera pasado pero para su mujer y su hijo nada volvería a ser igual. Al regresar, vi, como siempre, a mi abuelo, un hombre poco sano para su edad y de aspecto demacrado, con su típica verruga en el pómulo izquierdo y su gallato siempre cerca de su mano. Tenía una gran barba blanca con la que jugaba de pequeño y una importante curvatura
(chepa) cargada a su espalda, pero lo más importante, era un hombre muy sabio. Eran mi apoyó en muchas ocasiones. Cuando mi madre fue a comprar me acerqué a mi abuelo le pregunté qué le parecía, en ese momento tocaron la puerta tres golpes secos, nos inundó un breve silencio que rompió el cojeó de mi abuelo al acercarse ella mi abuelo me echó hacia atrás y me hizo y me hizo prometer que subiera mi cuarto y no bajara hasta la hora de cenar, subí corriendo y me escondí debajo de la cama por miedo a lo que pudiera pasar mi abuelo se acercó a la puerta, respiró, y la abrió.
Limpiaron la sangre, regresaron a sus casas y en dos minutos estarían como si nada hubiera pasado pero para su mujer y su hijo nada volvería a ser igual. Al regresar, vi, como siempre, a mi abuelo, un hombre poco sano para su edad y de aspecto demacrado, con su típica verruga en el pómulo izquierdo y su gallato siempre cerca de su mano. Tenía una gran barba blanca con la que jugaba de pequeño y una importante curvatura
(chepa) cargada a su espalda, pero lo más importante, era un hombre muy sabio. Eran mi apoyó en muchas ocasiones. Cuando mi madre fue a comprar me acerqué a mi abuelo le pregunté qué le parecía, en ese momento tocaron la puerta tres golpes secos, nos inundó un breve silencio que rompió el cojeó de mi abuelo al acercarse ella mi abuelo me echó hacia atrás y me hizo y me hizo prometer que subiera mi cuarto y no bajara hasta la hora de cenar, subí corriendo y me escondí debajo de la cama por miedo a lo que pudiera pasar mi abuelo se acercó a la puerta, respiró, y la abrió.
domingo, 22 de marzo de 2009
Historias de un Don Nadie (Parte I)
Solo entraba en aquella siniestra habitación un tenue rayo de luz por el que se apreciaban, diminutas motas de polvo descendiendo lentamente hasta caer, junto a este, un sonido continuo de un grifo mal cerrado… “cloc-cloc-cloc…” gota a gota se desangraba aquel grifo dejando derramar una y otra vez el agua por sus paredes.
Se respiraba miedo y suspense, tensión hasta la hora en la que él dejaría este mundo, tal y como lo decidimos. Junto a él, permanecía una araña, inerte ante la situación que su compañero de celda estaba sufriendo.
Esta situación se prolongaba, día a día, aquel incesante ruido no paraba, aquel rayo de luz seguía ahí junto a las motas de polvo que desfilaban a trabes e él. A los 7 días, el momento llegó, a lo lejos se presenciaba un sonido de pasos, firmes y decididos a llegar hasta él. El verdugo avanzaba rápido, junto a un sonido de trompetas lejano, anunciando el momento. La araña agacho la cabeza, con la pata delantera izquierda saludo brevemente a su compañero dándole su último adiós. Con un alarde de valentía se levanto y se arrimo a la puerta de acero que cesaba su libertad. El verdugo abrió la puerta, produciendo un chirriante ruido que estremeció hasta la más pequeña de las motas de polvo que desfilaban de luto.
El verdugo lo agarro de la camisa y estiro con fuerza, tal, que rasgó toda la camisa, pero… eso que importaba. Avanzaron a trabes del pasillo hasta que una luz, compañera de la de su celda, le cegó. Cuando pudo recuperar la vista, observó a miles de personas aclamando su muerte. Entre ellas destacaba la de un joven que gritaba: - Muerte, muerte para el recluso. – La crueldad con la que chillaba, desgañitando su garganta con tal de hacerse oír, derribo las pocas ganas de vivir que le quedaban. Después de una breve pausa, ascendió por la escalera medio rota y con estacas sangrientas de otros desgraciados que esperaba el yunque preparado para su decapitación. El verdugo se puso frente a él, y cogiendo del pelo lo lanzo hacia abajo, humillándolo y arrodillándolo para matarlo. El verdugo alzo su hacha, paro unos instantes y la abalanzo hacia su cuello descendiendo rápidamente hasta que…
Contiuará.
Se respiraba miedo y suspense, tensión hasta la hora en la que él dejaría este mundo, tal y como lo decidimos. Junto a él, permanecía una araña, inerte ante la situación que su compañero de celda estaba sufriendo.
Esta situación se prolongaba, día a día, aquel incesante ruido no paraba, aquel rayo de luz seguía ahí junto a las motas de polvo que desfilaban a trabes e él. A los 7 días, el momento llegó, a lo lejos se presenciaba un sonido de pasos, firmes y decididos a llegar hasta él. El verdugo avanzaba rápido, junto a un sonido de trompetas lejano, anunciando el momento. La araña agacho la cabeza, con la pata delantera izquierda saludo brevemente a su compañero dándole su último adiós. Con un alarde de valentía se levanto y se arrimo a la puerta de acero que cesaba su libertad. El verdugo abrió la puerta, produciendo un chirriante ruido que estremeció hasta la más pequeña de las motas de polvo que desfilaban de luto.
El verdugo lo agarro de la camisa y estiro con fuerza, tal, que rasgó toda la camisa, pero… eso que importaba. Avanzaron a trabes del pasillo hasta que una luz, compañera de la de su celda, le cegó. Cuando pudo recuperar la vista, observó a miles de personas aclamando su muerte. Entre ellas destacaba la de un joven que gritaba: - Muerte, muerte para el recluso. – La crueldad con la que chillaba, desgañitando su garganta con tal de hacerse oír, derribo las pocas ganas de vivir que le quedaban. Después de una breve pausa, ascendió por la escalera medio rota y con estacas sangrientas de otros desgraciados que esperaba el yunque preparado para su decapitación. El verdugo se puso frente a él, y cogiendo del pelo lo lanzo hacia abajo, humillándolo y arrodillándolo para matarlo. El verdugo alzo su hacha, paro unos instantes y la abalanzo hacia su cuello descendiendo rápidamente hasta que…
Contiuará.
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